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Mi abuela, la primera ingeniera. Se matriculó en ingeniería cuando ni siquiera había baños para mujeres.

Publicado: 11 de Abril de 2017



Mi abuela, la primera ingeniera.

Se matriculó en ingeniería cuando ni siquiera había baños para mujeres en la facultad.

​ En 1913 las puertas de la universidad llevaban 36 años abiertas para las chilenas. Ya se habían titulado médicas, abogadas y químicas farmacéuticas. Ingenieras aún no. En el presente todavía algunas personas opinan que es una carrera “de hombres”. No fue el caso de Justicia Acuña.

Ella provenía de una familia con ideas avanzadas, según cuenta su nieto Mallen Gajardo. “El papá de mi abuela, de profesión constructor civil, practicaba la igualdad de género —dice—. Tuvo diez o más hijos, hombres y mujeres, y no hizo distinción en la crianza”. Justicia ya se destacaba con los números en el Liceo de Aplicaciones de Santiago (por aquel entonces mixto), así que ingresó a pedagogía en matemáticas tras aprobar el bachillerato con distinción máxima. Pero ahí no estaba su pasión. Se retiró en primer año y, siguiendo los pasos de su hermano Arquímedes, en 1913 se convirtió en la primera y única estudiante femenina de ingeniería civil de la Universidad de Chile, y del país.

Ni siquiera había baños para mujeres en la facultad. “Mi abuela debía aguantarse desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde”, dice Mallen. Como era un poco tímida, al principio entraba a la sala de clases sin mirar a nadie más que al profesor. Sin embargo, muy pronto se ganó el cariño y respeto de los compañeros. “Era delgada, pequeñita, con un carácter muy fuerte, pero a la vez muy cercana —comenta el nieto—. Sin duda la aceptaron y eso abrió la puerta para que más mujeres tomaran la decisión”. Entre los compañeros de curso estaba el futuro presidente de la República Jorge Alessandri, gran amigo hasta el final, y también su futuro marido, Alfredo Gajardo, con quien empezó a pololear durante el último año de carrera. Además, mientras estudiaba se matriculó una segunda mujer, que llegó a ser su yunta. Si alguna vez algún profesor le puso una traba debido a su género, Justicia nunca lo comentó. No estaba en su carácter andar quejándose. De este modo, sin reprobar un solo ramo, en 1919 obtuvo su título de ingeniera civil y pasó a los anales de la Historia como la primera chilena y sudamericana en lograrlo. Ya titulada, se dio a la tarea de buscar trabajo. No fue tan difícil como imaginó. En 1920 se desempeñaba como calculista en la Oficina de Refuerzo de Puentes de la Empresa de Ferrocarriles del Estado, junto a su esposo. Un par de años después, decidió hacer un paréntesis laboral para dedicarse a la maternidad. Tuvo siete hijos, todos varones. Cuando el menor cumplió cuatro, regresó a Ferrocarriles y continuó allí hasta jubilarse en 1954.

“Trabajó en refuerzo de puentes. Hizo todo el recálculo del viaducto del Malleco”, especifica Gajardo. En todo caso, él la conoció ya jubilada, como abuela. “Tenía una dulzura tremenda y, a la vez, imponía sus normas —relata—. La recuerdo los sábados llamándonos para saber qué queríamos almorzar el domingo, o ya viejita, levantándose a las siete para ir a la feria. Me enseñó muchas cosas de la vida, sobre todo con el ejemplo. No es fácil hablar de ella como un hito histórico, para mí ella era sólo mi abuela, hermosa y dulce, cotidiana y normal, sin darme cuenta de que era excepcional”. Hablaba poco sobre su condición de “primera ingeniera chilena”. Atribuía ese honor a la mera suerte. Probablemente también tuvo que ver la genética: el padre de Mallen fue ingeniero; Mallen lo es y sus dos hijos quieren serlo.

Justicia falleció en 1980. Al año su retrato fue incluido en la Galería de los Ingenieros Ilustres del colegio profesional al que perteneció, y desde 1991 el Instituto de Ingenieros otorga el premio bianual Justicia Acuña Mena a la ingeniera civil más destacada en su campo.

AICE Chile saluda y conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona.

Foto y reportaje gentileza de Codelco




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